Vasili Kandinsky. "De lo Espiritual en el Arte".
Buenos Aires, Paidós 2004.
Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre
de nuestros sentimientos.
…el blanco actúa sobre nuestra alma como un gran
silencio absoluto…Interiormente suena como un "no-sonido"que
puede equipararse a determinadas pausas musicales que sólo
interrumpen temporalmente el curso de una frase o de un contenido
sin constituir el cierre definitivo de un proceso. Es el silencio
que no está muerto, sino, por el contrario, lleno de
posibilidades.
…cualquier época se quiere reflejar por sí
misma, expresar su vida artísticamente. El artista a
su vez quiere expresarse y elige sólo las formas que
le son espiritualmente afines.
En el capítulo VIII- "La obra de arte y el artista",
V. Kandinsky sigue su meditación en estos términos:
La verdadera obra de arte nace misteriosamente del artista por
vía mística.
Más adelante:
En primer lugar, el artista ha de intentar transformar la situación
reconociendo su deber frente al arte y frente a sí mismo,
y considerarse no como señor de la situación sino
como servidor de designios más altos cuyos deberes son
precisos, grandes y sagrados. El artista se debe "educar"
y ahondar en su propia alma, cuidarla y desarrollarla…
El artista debe tener algo que decir, porque su deber no es
dominar la forma sino adecuarla a un contenido. |